
Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: "¡Cálmate (Calla), sosiégate (enmudece)!" Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma. (Marcos 4:39)
Queridos hermanos.
Al ver hoy las noticias en mi país, destaca comentar el inminente despido de 10,000 trabajadores. Y lo comenté con mi madre, quién me decía que recientemente había visto a sus clientes particularmente enojados y frustrados, algunos de ellos han perdido ya sus trabajos. No les culpo, ciertamente perder un trabajo es algo muy doloroso, no sólo por lo económico, sino por la inestabilidad emocional y familiar que suscita. Frustrante es, también, y mis hermanos latinoamericanos saben más de esta materia que yo, ver a los políticos enfrascados en luchas internas y conductas inmorales mientras su pueblo vive una crisis, una incertidumbre diaria.
Pero más allá de las crisis materiales que pueda exponer, creo que lo que hace particularmente punzante esta crisis económica es que la misma afecta a una sociedad puertorriqueña carente de sentido y con falta de humanidad. Si una tormenta azotara a una casa de concreto y a una de madera, ¿cuál resistiría el embate? El problema no es la tormenta, sino la fortaleza de la casa. ¿Sobre qué base y con qué materiales hemos construido nuestra sociedad? Ante esta interrogante, queridos hermanos de Puerto Rico, les planteo la interrogante sobre el sentido de la vida, qué sentido le hemos dado a "ser feliz", a nuestras metas en la vida, será que hemos colocado nuestras esperanzas y metas en una existencia destinada al fracaso.
Le comentaba a un amigo que esta sociedad capitalista nos ha impuesto un sentido de vida egoísta, individualista y materialista. Donde el éxito en la vida se trata sobre la acumulación de bienes, el goce desenfrenado de éstos y tener una carrera, ser un profesional Dr. cuál o Lcdo tal. Que todos opinen bien sobre tí: "Mira que se ve bien, le va bien". En eso hemos colocado nuestro sentido, en llegar a tener, no necesariamente, en llegar a ser. Yo me dedico a dar tutorías y ¡cuánto he visto!, detrás de todas esas familias reconocidas, cuanta tristeza y soledad se esconde. En esos colegios reconocidos, cuánta miseria hay. Y esa es la diferencia entre el rico y el pobre, que el rico tiene la facilidad de esconder sus miserias, que son exactamente las mismas del pobre. Y no sólo eso, sino que en todas estas escuelas y familias forman a nuestros niños y jóvenes para este sentido materialista, fuera de una realidad de un pueblo sufriente, necesitado de compasión y humanidad. Áquel con estatus crece con esta sensación de que son líderes, porque tienen más, porque "son más".
Por eso nos da duro esta crisis, porque nos plantea una dificultad ante un sentido de la vida errado. Porque nos quita en lo que equívocamente hemos considerado importante, porque creemos que tener menos nos hace menos digno. Cómo decía Francisco de Roux, provincial (jefe) de los Jesuitas en Colombia, el tener menos no te hace menos digno. Porque la dignidad del ser humano no aumenta ni cambia, es inherente a su persona, la persona ni vale menos ni vale más. Sin embargo en nuestra sociedad, aquellos que tienen más se creen más. No sólo el rico cree al pobre como menos, sino que el pobre a veces se cree menos y por lo tanto no aspira a superarse. Y por eso, muchos ni se inmutan por el dolor de la gente, ante las injusticias. El ser pobre, dicen, es "culpa del pobre", porque no ha estudiado, porque no se ha esforzado. Dios mío, ¡cuanto egoísmo! y ¡cuántos de éstos se hacen llamar cristianos, seguidores tuyos! ¡Perdónalos, perdóname!
Quisiera que nos replanteásemos el sentido que le hemos dado a nuestra vida. Encontrar el sentido de la vida es encontrarse con nuestra propia humanidad, sensibilidad y conciencia. Sólo encontrando el correcto sentido podremos enfrentar nuestros problemas cómo son. Si hay algo que al hombre no se le puede quitar, es la libertad. La libertad para escoger el propio camino, de hacer el bien o el mal, ante cualquier tipo de circunstancias, cualquier tipo de crisis.
Pero primero el hombre necesita saber que vale su persona, que es lo importante en la vida, algo digno por lo que entregar su vida. Es preciso que aprendamos que la vida va más allá de la entrega de nuestras fuerzas para conseguir los bienes de este mundo. Nuestro sentido tiene que trascender la realidad material de las cosas, que es aparente y finita, y llegar a la entrega de la vida no sólo para encontrar la realidad del Reino de Dios, del amor infinito y la vida eterna, sino para comunicarlo y ser parte de él. Nuestra misión será construir el Reino de Dios en nuestro país y en todos los países del mundo. Sólo así será nuestra casa una fuerte capaz de combatir cualquier embate de tormenta.
En nuestras manos está, de nosotros depende.
Teddy.

Que ciero todo lo que escribes.
ResponderEliminarDios nos bendiga
Daniel